El consumo de plantas medicinales y suplementos naturales se ha incrementado de forma notable en los últimos años, impulsado por la idea de que lo natural es sinónimo de seguro. Sin embargo, esta percepción no siempre se ajusta a la realidad clínica. Muchos de estos productos contienen principios activos capaces de provocar efectos adversos e interacciones relevantes con medicamentos de uso habitual.

Desde la farmacia comunitaria, estas situaciones forman parte del día a día. Así lo explica Virginia Barrau, farmacéutica comunitaria especializada en dermocosmética y suplementación, quien advierte que “una gran parte de los problemas relacionados con suplementos no se debe al producto en sí, sino a cómo, cuándo y junto a qué tratamiento se utilizan”.

Virginia señala que muchos pacientes incorporan estos productos como apoyo al estrés, al descanso, al control del peso o al bienestar hormonal, sin ser conscientes de que pueden interferir con tratamientos ya establecidos.

Sedación no deseada por combinación de productos

Uno de los escenarios más habituales que detecta en la farmacia es la potenciación de efectos sedantes. En un caso reciente, una paciente en tratamiento con lorazepam acudió a la farmacia refiriendo cansancio extremo, somnolencia diurna y falta de energía. Al revisar su pauta completa, comentó que había comenzado a tomar ashwagandha por iniciativa propia para manejar el estrés.

“Son situaciones muy frecuentes”, explica Virginia. “La ashwagandha tiene un perfil sedante suave, pero cuando se combina con benzodiacepinas, el efecto puede intensificarse de forma significativa”.

Tras identificar la causa, se retiró la ashwagandha y se propuso su sustitución por rhodiola, más adecuada a su situación clínica. La paciente experimentó una mejora progresiva y recuperación del nivel de energía habitual.

Un suplemento que altera el control del tratamiento

Otra paciente tratada con levotiroxina presentó un aumento del colesterol total y del LDL en una analítica de control. La revisión de su tratamiento permitió detectar la toma de un complejo multivitamínico con minerales sin recomendación profesional. El hierro presente en estos suplementos puede reducir la absorción de la levotiroxina, dificultando el control del hipotiroidismo. Se retiró el suplemento y se derivó a la paciente al médico para valorar el ajuste del tratamiento.

Interacción evitada a tiempo

La experiencia de Virginia también pone de manifiesto el impacto de la información no contrastada en redes sociales. En este contexto, una paciente en tratamiento con tamoxifeno, es medicamento para el tratamiento del cáncer de mama, solicitó un complemento a base de sauzgatillo, recomendado en internet para aliviar molestias hormonales.

“En tratamientos hormonodependientes hay plantas que están claramente contraindicadas”, señala. En este caso, se desaconsejó el uso del suplemento, evitando una posible interferencia terapéutica con consecuencias clínicas importantes.

Interacciones frecuentes a tener en cuenta

Según la experiencia de Virginia Barrau, algunas de las interacciones más frecuentes detectadas en farmacia comunitaria incluyen:

Hipérico, que puede reducir la eficacia de anticonceptivos, anticoagulantes y otros tratamientos crónicos.

Ginkgo biloba, asociado a un mayor riesgo de sangrado cuando se combina con anticoagulantes o antiagregantes.

Regaliz, relacionado con elevación de la tensión arterial y alteraciones de los niveles de potasio.

Valeriana, que potencia el efecto sedante de ansiolíticos y otros depresores del sistema nervioso central.

Las plantas medicinales y los suplementos naturales pueden ser útiles, pero no son inocuos. Por ello, Virginia Barrau insiste en la importancia de considerar estos productos como parte del tratamiento y consultar siempre con el farmacéutico antes de iniciarlos, especialmente en pacientes polimedicados o con patologías crónicas.